La IA está cambiando la medicina. La educación médica también debe cambiar
Por el Dr. James W. Schroeder
La inteligencia artificial está llamada a revolucionar la mayoría de las industrias, y la medicina no es la excepción. Ocho de cada diez médicos ya utilizan la IA para todo, desde tomar notas hasta ponerse al día con las últimas investigaciones médicas para diagnosticar mejor a los pacientes.
La IA promete aportar enormes beneficios tanto a los médicos como a los pacientes. Sin embargo, como cualquier herramienta o tecnología, la IA también tiene sus limitaciones.
Los educadores médicos deben ajustar sus planes de estudio en respuesta a la era de la IA. Eso significa poner menos énfasis en la memorización y más en desarrollar un trato humano empático junto a la cama del paciente (bedside manner), comunicarse bien y gestionar los muchos otros elementos de la profesión que son unívocamente humanos.
Los médicos tienen el privilegio y la responsabilidad únicos de ser invitados a algunos de los momentos más íntimos y vulnerables en la vida de los pacientes. Con frecuencia, los médicos conocen a los pacientes y a sus familias cuando enfrentan ansiedad, diagnósticos que cambian la vida e incluso la muerte.
En esos momentos, la relación entre el médico y el paciente importa. Más de la mitad de los pacientes afirman que desean que sus médicos muestren cualidades como compasión y una buena empatía en la atención directa.
Esas cualidades no son simplemente «deseables»: aportan un valor clínico real. Los estudios demuestran que, para algunas condiciones, un trato más cercano y la empatía del médico se asocian con mejores resultados en la salud del paciente.
Por muy capaces que lleguen a ser las herramientas de IA, no pueden ponerse en el lugar del médico en esos momentos. Por lo tanto, en los próximos años será aún más importante que los educadores médicos creen programas de formación que potencien la empatía entre los futuros médicos y enseñen a los estudiantes a desenvolverse en la interacción con los pacientes y sus familias.
Los educadores médicos también deberán capacitar a los estudiantes para aprovechar los beneficios de la IA, reconociendo al mismo tiempo sus sesgos y mitigando sus deficiencias.
Los sistemas de IA se entrenan con datos generados por humanos. Por lo tanto, los modelos de IA pueden presentar los mismos puntos ciegos y suposiciones erróneas que las personas. Un estudio reveló que la IA exhibió «disparidades significativas de rendimiento» según la raza, el género y la edad en casi el 30 % de las tareas de diagnóstico de cáncer.
Los futuros médicos deben aprender a incorporar la IA en sus flujos de trabajo para ser más eficaces, sin aceptar de forma ciega los resultados que producen los sistemas de IA.
Esto requerirá cambiar la forma en que se tutora a los residentes y estudiantes de medicina. Tradicionalmente, los estudiantes han realizado rotaciones clínicas —y, más tarde, la residencia— para acompañar a médicos experimentados, observar casos y construir una biblioteca mental de experiencias a la cual recurrir a lo largo de sus carreras.
Sin embargo, todo el cuerpo del conocimiento médico pronto estará en cada teléfono inteligente. Los modelos de IA pueden examinar bases de datos clínicas y sintetizar décadas de investigación en cuestión de segundos. Hace tres años, ChatGPT comenzó a superar las calificaciones de los estudiantes de medicina en el Examen de Licencia Médica de los Estados Unidos (USMLE). Desde entonces, la capacidad de los modelos de IA ha crecido exponencialmente.
Por consiguiente, los futuros profesionales en formación ni siquiera deberían intentar saber más que la máquina. En su lugar, necesitarán observar cómo los médicos experimentados integran eficazmente la IA en su trabajo, identifican el sesgo en los resultados y comunican noticias difíciles a los pacientes.
La inteligencia artificial transformará la medicina. Pero no eliminará la necesidad del juicio humano, la compasión y la confianza. Es por eso que las facultades de medicina deben redoblar su enfoque en formar a los estudiantes en aquellas habilidades que las máquinas nunca podrán reemplazar.
**James W. Schroeder, Jr., MD, MBA, es el Director Académico del Hospital for Special Surgery.
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