Imagínate que estamos en la esquina de la historia y la encrucijada de la política. Baltimore ha marcado su propio paso: el alcalde ha trazado un muro entre la ciudad y ICE, con una orden que blinda a los residentes de compartir información. Y no solo Baltimore, sino todo Maryland, con el gobernador sumándose al coro de límites. Y, como eco persistente, el senador Van Hollen no deja de alzar su voz, denunciando atropellos en las mismas instalaciones de ICE.
¿Es esta una historia de dos visiones? La pregunta que nos toca es: ¿cómo equilibramos la balanza entre seguridad y confianza? Aquí, en esta ciudad de tradición, la brújula moral debe apuntar a un futuro donde la ley se aplique con inteligencia, pero sin erosionar el tejido humano.
Imagine standing at the corner of history and the crossroads of politics. Baltimore has carved its own path: the mayor has drawn a line between the city and ICE, issuing an order shielding residents from sharing information. And it’s not just Baltimore—Maryland as a whole, with the governor echoing similar limits. And, like a persistent echo, Senator Van Hollen keeps raising his voice, denouncing abuses at ICE facilities themselves.
Is this a tale of two visions? The question we must face is: how do we balance the scales between security and trust? Here, in this city of tradition, the moral compass must point to a future where law is applied with intelligence, yet without eroding the human fabric.
Let’s stand firm on that horizon.
by Erick A. Oribio
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