Argentina superó a Inglaterra en un día de leyenda y vuela a la gran final
El fútbol, en su estado más puro y desquiciante, volvió a demostrar por qué es el rey indiscutible de las pasiones humanas. En una noche donde la tensión se podía cortar con un suspiro, la Selección Argentina firmó una de las páginas más épicas y memorables de su rica historia mundialista al remontar y vencer por 2-1 a una Inglaterra que acarició la gloria, pero terminó doblegada por la mística y el corazón del vigente campeón del mundo.
El Estadio Atlanta, convertido en un coliseo romano de gritos y banderas, fue el escenario de un choque tectónico que se disputó con el cuchillo entre los dientes. Desde el silbatazo inicial del estadounidense Ismail Elfath, el partido transcurrió bajo un ritmo frenético, con fricciones constantes y las pulsaciones a mil por hora.
La primera mitad fue un tablero de ajedrez implacable; los «Tres Leones» de Thomas Tuchel plantaron un muro de disciplina táctica, anulando los circuitos de juego albicelestes en un primer asalto tenso y sin goles.
Sin embargo, el drama real aguardaba tras el descanso. Al minuto 55, el estadio enmudeció para los sudamericanos cuando Morgan Rogers rompió líneas por la banda y envió un centro milimétrico que Anthony Gordon conectó a quemarropa, batiendo la resistencia de Emiliano «Dibu» Martínez y desatando el delirio británico.
El fantasma de la eliminación rondaba Atlanta, e Inglaterra se replegó con astucia. Argentina bombardeó el área enemiga, topándose dos veces con la mala fortuna del poste y con un milagroso manotazo del arquero Jordan Pickford ante un cabezazo de Nicolás González.
Pero cuando las papas quemaban y el reloj amenazaba con decretar la sentencia, emergió la figura mítica de Lionel Messi para frotar la lámpara y desatar la locura colectiva. Al minuto 85, en una jugada de tiro de esquina corto pergeñada por el astro rosarino, Enzo Fernández recibió el esférico en la frontal del área y sacó un zapatazo soberbio, un misil inalcanzable que reventó las redes inglesas para sellar el agónico 1-1.
Con el envión anímico y el olor a sangre en el aire, la marea celeste y blanca no se conformó con el tiempo extra. Ya en el descuento, en el minuto 92, tras un remate al poste de Alexis Mac Allister, Messi rescató el balón suelto y con el pincel de zurda mandó una caricia aérea al corazón del área. Allí se alzó, suspendido en el aire de Georgia, el «Toro» Lautaro Martínez.
Su frentazo implacable dejó petrificado a Pickford, desatando un grito de desahogo ensordecedor que retumbó desde Atlanta hasta las calles del mismísimo Obelisco porteño. Una remontada heroica para la posteridad que deposita a la Scaloneta de lleno en la gran final.
El epílogo de la gloria: El preámbulo a la recta final
Con este desenlace de película, la mesa está servida para los últimos dos compases que definirán el destino de la Copa del Mundo de la FIFA 2026. Primero, la herida pero orgullosa Inglaterra deberá sacudirse el polvo para batallar por el honor del podio en el partido por el tercer puesto.
No obstante, todas las miradas de la Tierra se posarán sobre el imponente Estadio de Nueva York/Nueva Jersey este domingo 19 de julio. Allí, en una final de ensueño absoluto, la histórica armada de España espera a esta indomable Argentina.
Un choque de gigantes europeos y sudamericanos donde la Albiceleste buscará consagrarse con el bicampeonato mundial consecutivo, mientras que la Furia Roja intentará reclamar el trono global. ¡El fútbol aguarda a su nuevo rey!
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