Peores que los alacranes
Por: Fermín Lares
Cuando hace unos cuantos días se conocieron los nombres y afiliaciones de los miembros de la oposición de la comisión negociadora presidida por Dinorah Figuera, la primera palabra que se me vino a la mente fue “traición”. Son unos traidores, pensé al ver que los acompañantes de la señora Figuera eran militantes solo de dos partidos, Primero Justicia y Voluntad Popular. Hoy creo que son peores que los llamados alacranes.
Aquel momento también me retrotrajo al cambio estratégico de María Corina Machado respecto al reclamo del triunfo electoral de julio de 2024. La estructuración de una comisión negociadora presidida por Figuera, militante de Primero Justicia, e integrada exclusivamente por compañeros de su partido y de Voluntad Popular, me pareció el resultado de la apertura por parte de Machado hacia unas nuevas elecciones presidenciales, a pesar de que el pueblo venezolano ya se había expresado hace dos años a favor de Edmundo González Urrutia como presidente, con el liderazgo de María Corina Machado a su lado.
Se abrió entonces una rendija para obviar esta circunstancia por parte de los oportunistas de siempre, envalentonados por el apoyo de Rubio a un nuevo esquema para el proceso de transición hacia la democracia en Venezuela, que consistió en designar a la señora Figuera para que negocie con el rodrigato.
Esta salida de Rubio no surgió gratuitamente. Como lo sintió María Corina Machado y buena parte de la población venezolana, los dos terremotos de junio cambiaron de momento el panorama. La calidad de la tragedia evidenció aún más ante el mundo que el régimen chavista, además de corrupto, es ineficiente, indolente, cruel e incapaz de prever y responder a un fenómeno como el vivido, especialmente en el litoral guaireño y Caracas.
Las noticias de la ausencia de respuesta por parte del Estado en los primeros tres días, la convicción de que solo con ayuda internacional podían tomarse medidas de rescate y recuperación, la muestra de que los ciudadanos afectados tuvieron que escarbar con sus propias manos los escombros para conseguir a sus seres queridos, todo eso salía en los medios de comunicación del mundo entero.
Fue como un señalamiento acusatorio, que se agravó cuando nos percatamos de que buena parte de los edificios derrumbados o declarados ahora inhabitables fueron construidos por el chavismo, que aún gobierna Venezuela, sin cumplir con las normas, haciendo caso omiso a las condiciones del terreno. Hasta lo confirmó el ministro encargado entonces de las obras.
Cuando hace unos cuantos días se conocieron los nombres y afiliaciones de los miembros de la oposición de la comisión negociadora presidida por Dinorah Figuera, la primera palabra que se me vino a la mente fue “traición”. Son unos traidores, pensé al ver que los acompañantes de la señora Figuera eran militantes solo de dos partidos, Primero Justicia y Voluntad Popular. Hoy creo que son peores que los llamados alacranes.
Aquel momento también me retrotrajo al cambio estratégico de María Corina Machado respecto al reclamo del triunfo electoral de julio de 2024. La estructuración de una comisión negociadora presidida por Figuera, militante de Primero Justicia, e integrada exclusivamente por compañeros de su partido y de Voluntad Popular, me pareció el resultado de la apertura por parte de Machado hacia unas nuevas elecciones presidenciales, a pesar de que el pueblo venezolano ya se había expresado hace dos años a favor de Edmundo González Urrutia como presidente, con el liderazgo de María Corina Machado a su lado.
Se abrió entonces una rendija para obviar esta circunstancia por parte de los oportunistas de siempre, envalentonados por el apoyo de Rubio a un nuevo esquema para el proceso de transición hacia la democracia en Venezuela, que consistió en designar a la señora Figuera para que negocie con el rodrigato.
Esta salida de Rubio no surgió gratuitamente. Como lo sintió María Corina Machado y buena parte de la población venezolana, los dos terremotos de junio cambiaron de momento el panorama. La calidad de la tragedia evidenció aún más ante el mundo que el régimen chavista, además de corrupto, es ineficiente, indolente, cruel e incapaz de prever y responder a un fenómeno como el vivido, especialmente en el litoral guaireño y Caracas.
Las noticias de la ausencia de respuesta por parte del Estado en los primeros tres días, la convicción de que solo con ayuda internacional podían tomarse medidas de rescate y recuperación, la muestra de que los ciudadanos afectados tuvieron que escarbar con sus propias manos los escombros para conseguir a sus seres queridos, todo eso salía en los medios de comunicación del mundo entero.
Fue como un señalamiento acusatorio, que se agravó cuando nos percatamos de que buena parte de los edificios derrumbados o declarados ahora inhabitables fueron construidos por el chavismo, que aún gobierna Venezuela, sin cumplir con las normas, haciendo caso omiso a las condiciones del terreno. Hasta lo confirmó el ministro encargado entonces de las obras.
El terreno removido en el estado La Guaira, en Caracas y otros lugares del país removió igualmente la percepción política del rodrigato en el exterior. Al mismo tiempo, Estados Unidos impidió que la líder legítima de los venezolanos regresara, como quería, a Venezuela. A estar con los suyos y aprovechar el momento, completamente legítimo, para hacer exigencias y acelerar el cambio muy sentido como necesario por la mayoría de los venezolanos.
Estados Unidos no podía quedarse con los brazos cruzados. No bastó la ayuda material de insumos, equipos y personal de los estadounidenses. En el país había una sensación de hartazgo que los norteamericanos no podían dejar de lado. Fueron testigos, incluso, de la negativa de Cabello, el tercero del triunvirato del rodrigato, impidiendo el acceso de voluntarios del Condado de Fairfax, Virginia, a un lugar desde donde una víctima clamaba por ayuda.
Un amigo mío, desligado del periodismo y de la política, me dijo por esos días: “Es el momento de que regrese María Corina”. Mi amigo reflejaba un clamor intuitivo de la población venezolana. Por tanto, Rubio tuvo que ingeniárselas para no encabronar a Trump y acudió a la supuesta legitimidad de origen de la Asamblea Nacional de 2015 y proponerle a la señora Figuera que iniciara un diálogo y negociación con los Rodríguez, para abrir un poco el espacio político, sin la participación de María Corina Machado, que tanto incomoda al régimen y al propio Trump.
La señora Figuera ha sido consciente del rol que juega desde que habló ya en Caracas (reside en España) sobre lo que dijo representar. Sabía del peso de su distinción frente a María Corina Machado, por lo cual se vio en la necesidad de aclarar que no iba a hablar como dirigente política, sino como representante de una institución. Que el carácter de su representación para negociar los cambios necesarios para la democratización del país era meramente institucional, no el de una dirigente política (que lo es, quiéralo o no).
Días antes de todo esto, la Plataforma Unitaria Democrática, integrada por los partidos que organizaron las primarias de la oposición donde triunfó María Corina Machado como candidata presidencial, los mismos que después respaldaron a Edmundo González, candidato tapa de Machado, dentro de los cuales están Voluntad Popular y Primero Justicia, tuvo una reunión en Panamá donde acordaron, junto con Machado, que toda negociación política con el régimen debía contar con la guía y orientación de la líder de la oposición. La integración de la comisión negociadora presidida por la señora Figurea dice otra cosa.
Allá mismo, en Panamá, venezolanos residentes en el istmo abuchearon y pitaron a algunos de los asistentes a la reunión de la Plataforma Unitaria. Muchos venezolanos no creen ya en estos partidos y apoyan abrumadoramente a María Corina Machado como la líder que, hasta ahora, les brinda confianza y esperanza. Lo repiten reiteradamente las encuestas.
En el caso de Voluntad Popular y Primero Justicia, hemos visto su actuación durante los 28 años del chavismo en el poder. La Asamblea Nacional de 2015, que se inauguró bajo la presidencia de Primero Justicia, no fue preparada para aprobar leyes fundamentales que cambiaran el Poder Judicial o reestructurar la economía.
La primera prioridad fue la aprobación de una ley para aumentar el monto de los cesta-tickets. Bajo la presidencia de Guaidó (en la Asamblea y en la jefatura de una parte del Estado), los partidos de oposición con representación en la Asamblea se repartieron cargos directivos en la empresa Monómeros (petroquímica venezolana con sede en Colombia), que dieron lugar a denuncias sobre corrupción y mal manejo de la compañía. La empresa no cerró por la intervención del gobierno colombiano.
Guaidó tuvo el respaldo de Trump y de los demócratas en Estados Unidos (lo ovacionaron de pie en el Congreso norteamericano), pero Primero Justicia, con Julio Borges a la cabeza, le removió la silla y acordó con otros su destitución. Guaidó tampoco era un presidente con completa autonomía; no la tenía en su propio partido, dominado por Leopoldo López.
La avasallante victoria de María Corina Machado en las elecciones primarias de la oposición en octubre de 2023 (más de 92% de los votos) y el triunfo posterior de Edmundo González, desconocido entonces por los electores, pero apoyado por la líder escogida por votación popular, fueron los hechos políticos que permitieron que la unidad de la oposición se produjera sin chistar. Los partidos distintos a María Corina Machado no tenían espacio suficiente para reclamar otra cosa y así habían caminado con ella desde entonces.
Pero ahora, hubo una oportunidad para algunos para volver a sus viejos vicios de dejar que los egoísmos superen la necesidad de preservar la unidad. Si podemos sacarla del juego, lo hacemos. Ni Leopoldo López ni Julio Borges o algún alto dirigente de Voluntad Popular o Primero Justicia han emitido opinión pública sobre la conformación y misión del equipo de Dinorah Figuera.
Los llamados alacranes de la oposición se han definido, en buena medida, como políticos deshonestos comprados por el chavismo para desunir a la oposición. Se les compró con diputaciones, con oportunidades de negocios, con embajadas. Hay algunas excepciones, como el caso de Henrique Capriles, que está en la Asamblea por convicciones políticas alejadas de la realidad.
Los nuevos disidentes que surgen ahora de manera incipiente en la oposición son más bien como los topos, animales territoriales, solitarios, que defienden fieramente sus espacios. En Estados Unidos también se alude a espías, a una persona que se infiltra en una organización durante un largo tiempo para robar información. En cierta medida, son peores que los alacranes, porque quieren aparentar otra cosa.
He dicho muchas veces aquí que a Donald Trump le importa un pepino la democracia en Venezuela, ni siquiera menciona esa palabra. A Rubio sí, pero tiene que calibrar dentro de todo lo que hace su interés en ser presidente de los Estados Unidos. Para ello, tiene que mantenerse de buenas con Trump el mayor tiempo que pueda.
María Corina Machado no ha desechado completamente lo que pueda hacer la comisión de Dinorah, porque quiere mantener sus buenas relaciones con Rubio y con Trump, estratégicamente conveniente, y también porque percibe que no se le pueden cortar todas las alas a la esperanza popular de tener un cambio.
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