«Para una persona que creció aquí, mis padres crecieron aquí, en el mismo vecindario. Fells Point, se consideraba un prestigioso y tranquilo vecindario a cualquier hora de noche o día, ahora Fells Point, es peligroso a cualquier hora del día y más en la noche” dijo Ed Marcinko. Junto a la esquina de Bank y Broadway, escondida detrás de las sombras de la Iglesia Católica de San Patricio en Fells Point, se encuentra la única casa que Marcinko ha conocido.
«El crimen está repuntando en el vecindario», dijo.
Comentó que lo que alguna vez fue un espacio seguro tranquilo limpio y amigable, para vivir y formar una familia ha dado un giro preocupante.
«Parece que está empeorando», explicó Marcinko.
Afirma que uno de los puntos calientes para el caos son los escalones de la iglesia.
«Duermen, beben, defecan y orinan en los escalones», dijo. «Una vez cada una o dos semanas siempre vemos a un paramédico».
El jueves por la mañana, los disturbios alcanzaron nuevas alturas. «Vi una conmoción. Vi a un montón de gente corriendo gritando», dijo.
Dice que un minuto estaba viendo a un grupo de ocho a diez hombres discutiendo, al siguiente, «vi un machete balanceándose en el aire», comentó.
Con una hoja de al menos 2 pies de largo, estima Marcinko. «Nunca se ha visto que eso sucediera en mi vecindario en todos los años de mi vida viviendo aquí, ni mucho menos tan temprano en la mañana», dijo muy conmovido y preocupado, el señor Marcinko.
Según la policía, alrededor de las 9:30 am, los oficiales que respondieron al presunto apuñalamiento encontraron a un hombre de 34 años con dos cortes en la espalda. La policía dice que llamaron a los médicos, sin embargo, la víctima se negó a recibir atención médica. «Realmente me rompe el corazón porque conocía el vecindario tal como era», asegura Marcinko. Para él, a menos que comience a ver más atención y acción por parte de los líderes de la ciudad, el residente de toda la vida de Baltimore, dijo que buscará una salida.
“Alta factura de impuestos a la propiedad, alta factura de agua, y tenemos que lidiar con este tipo de problema de delincuencia”, dijo. «Ya no vale la pena». Concluyó Marcinko.



