En 2026, año en que México volverá a ser sede de una Copa Mundial de Fútbol, por tercera ocasión en su historia, también asumirá un papel estratégico en uno de los ejercicios de diplomacia pública, cooperación regional y política social más ambiciosos de las últimas décadas. Junto con Estados Unidos y Canadá, el país será coanfitrión del Mundial más grande jamás organizado: 48 selecciones, 104 partidos y una audiencia global estimada en cinco mil millones de personas. Una fiesta norteamericana sin precedente.
Para el gobierno mexicano, el Mundial no es únicamente un evento deportivo. La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado una visión de legado que trasciende los estadios y apuesta por convertir el torneo en una herramienta de desarrollo, inclusión y proyección internacional. La coordinación interna, con la participación de más de 30 dependencias federales, refleja un enfoque de Estado que busca articular seguridad, movilidad, turismo, cultura y diplomacia, para que el Mundial 2026 sea un éxito.
Uno de los conceptos centrales de esta estrategia es el “Mundial social”, una iniciativa que pretende llevar la experiencia mundialista a cada rincón del país mediante transmisiones públicas, torneos comunitarios, actividades culturales y espacios de convivencia, incluso fuera de las tres ciudades sede (la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey). La intención es clara: lograr un “Mundial para todos y todas” en el que el beneficio económico, social y simbólico del Mundial no se concentre, sino que se distribuya.
En el plano internacional, el torneo se ha convertido también en una plataforma de diplomacia deportiva. Desde Washington, la Embajada de México ha impulsado una agenda de colaboración con el Departamento de Estado de Estados Unidos, la Embajada de Canadá y centros de pensamiento para posicionar al Mundial 2026 como un proyecto trinacional basado en la confianza, la coordinación y la cercanía entre sociedades. México ha participado en importantes eventos en instituciones como Meridian International Center o la Ronald Reagan Presidential Foundation, y prepara una serie de acciones para 2026, en un esfuerzo deliberado por vincular deporte, diálogo político y cooperación cultural.
El mensaje de México es consistente: el Mundial 2026 es una oportunidad para mostrar qué es México hoy y quiénes son los mexicanos: un país y un pueblo diversos, hospitalarios y creativos, pero también un actor clave en América del Norte, capaz de coordinarse, generar bienestar y utilizar el deporte como un puente entre gobiernos y personas. En tiempos de tensiones globales, el balón, al menos por un mes, será una herramienta de entendimiento y permitirá un legado de mediano y largo plazo para toda la región.
Felipe García Landa y Lourdes María Zozaya Rojas



