Fiel a su afán por dejar huella, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró este domingo su 80 cumpleaños con una noche de combates de artes marciales mixtas de la UFC en la Casa Blanca, una escena sin precedentes que convirtió la residencia presidencial en una suerte de Coliseo romano.
Los jardines de la Casa Blanca han acogido en el pasado conciertos y recitales, pero nunca habían sido escenario de un espectáculo de puñetazos, patadas y rostros ensangrentados como el que dejaron las peleas de esta disciplina, considerablemente más agresiva que la lucha libre.
Una fiesta de cumpleaños sin precedentes
El presidente, antigua figura televisiva y magnate de la construcción decidido a romper convenciones, quiso celebrar por todo lo alto su entrada en el club de los octogenarios y mandó instalar en el jardín sur de la Casa Blanca un gran estadio con gradas para más de 4.000 invitados, mientras negociaba el fin de la guerra con Irán.
Bajo una imponente estructura metálica de 30 metros de altura, denominada «La Garra» y dotada de espectaculares focos, se ubicó el octágono en el que combatieron en siete peleas 14 de las principales estrellas de la UFC, ante la atenta mirada de Trump y la primera dama, Melania.
El luchador hispano-georgiano Ilia Topuria cayó derrotado en el combate estrella, ya en la medianoche del lunes, frente a su rival, el estadounidense Justin Gaethje.
No hubo combates de mujeres, aunque no faltaron las edecanes con falda corta, y los luchadores se pasearon por los elegantes salones de la Casa Blanca, incluido el Despacho Oval.
Trump busca atraer desde hace tiempo el voto de los seguidores de esta disciplina, en general hombres jóvenes, seducidos por su discurso combativo, aunque solo el 16 % de los estadounidenses considera adecuado usar la Casa Blanca para tal espectáculo, según una encuesta reciente.
Para sus críticos, que suelen calificar a Trump como un rey al que acusan de una deriva autoritaria, la imagen era más propia de un emperador romano observando a los gladiadores y alimentando su culto al líder. Incluso uno de los luchadores vencedores, Josh Hokit, honró a Trump entregándole su cadena.
La pelea fue anunciada como parte de las conmemoraciones por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, aunque se hizo coincidir estratégicamente con el cumpleaños del mandatario, quien el año pasado celebró sus 79 años con un desfile militar.
En un parque contiguo a la Casa Blanca, el mismo punto donde Trump se dirigió a sus seguidores en 2021 antes del asalto al Capitolio, más de 80.000 personas siguieron las peleas en pantallas gigantes, en una «fan zone» marcada por el patriotismo estadounidense, la testosterona y los patrocinios de marcas de cerveza, bebidas energéticas, apuestas y criptomonedas.
Un negocio jugoso
Detrás de toda esta organización está Dana White, el influyente presidente de la UFC, que mantiene una larga amistad con Trump desde que este organizaba peleas en sus casinos, hasta el punto de que fue él quien lo presentó como candidato en la Convención Republicana de 2024.
White siempre se ha opuesto a celebrar combates de esta disciplina al aire libre, por quedar expuestos a la lluvia- como la que hizo retrasar el evento de este domingo- e incluso a los mosquitos atraídos por los focos, pero esta vez hizo la vista gorda para complacer a su amigo.
El evento ha costado a la UFC cerca de 60 millones de dólares, aunque se espera que recaude jugosos beneficios entre derechos televisivos y patrocinios, pues todos los ojos estuvieron puestos en un escenario sin precedentes para un evento de este tipo.
Un grupo ciudadano llamado Public Integrity Project intentó frenar el combate con una demanda al considerarlo un descarado caso de corrupción, dado el uso de la Casa Blanca para un espectáculo privado con fines comerciales que, además, puede redundar en beneficios para la familia Trump, que tiene acciones en la empresa matriz de la UFC, pero un juez descartó paralizarlo.
No es el único acto inédito que el cumpleaños de Trump deja en la ciudad, pues el pasado viernes las estrellas de la UFC protagonizaron una multitudinaria rueda de prensa en el icónico Monumento a Lincoln y descendieron por su escalinata como dioses del Olimpo.
En el mismo lugar donde Martin Luther King pronunció su afamado discurso antirracista ‘I have a dream’, Topuria y Gaethje casi llegaron a las manos y tuvieron que ser separados por White.
Frente a los luchadores lucía el estanque de Lincoln restaurado recientemente por Trump como parte de su plan para moldear Washington a su antojo, al igual que ha ordenado construir un gran salón de baile en la Casa Blanca y un arco de triunfo en una entrada de la ciudad.
Trump ha bromeado con dejar de forma permanente el ring en la Casa Blanca y lo compara con la Torre Eiffel, concebida inicialmente como una estructura temporal. Sus detractores prefieren otra analogía: el Coliseo de Roma. EFE
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