¿Conoces a Counter Binface?
Por: Ismael Cala
@CALA
Un hombre vestido con una capa plateada y un cubo de basura sobre la cabeza acaba de conseguir casi diez mil votos en unas elecciones británicas. Se hace llamar Count Binface, se presenta como un guerrero intergaláctico y lleva años compitiendo, desde la sátira, contra algunas de las figuras más conocidas de la política de su país.
Podríamos quedarnos con la anécdota. Reírnos un momento y seguir adelante. Pero quizá deberíamos preguntarnos por qué tantas personas decidieron entregarle su voto.
El humor tiene una cualidad maravillosa: nos permite decir verdades incómodas sin convertirlas necesariamente en confrontación. Y algunas bromas, cuando consiguen conectar con miles de ciudadanos, dejan de ser solamente bromas para convertirse en síntomas.
Estamos viviendo una profunda crisis de confianza. No exclusivamente en Reino Unido. En muchas sociedades, las personas sienten que quienes deberían representarlas hablan un idioma cada vez más distante de sus preocupaciones cotidianas. Escuchamos grandes discursos mientras las familias hablan del costo de vivir, de vivienda, de oportunidades, de seguridad y de futuro.
Cuando esa distancia aumenta, aparece el desencanto. Y cuando dejamos de creer en las instituciones, hasta un personaje deliberadamente absurdo puede parecernos más auténtico que quienes se toman demasiado en serio a sí mismos.
Esto debería provocar una reflexión profunda sobre el liderazgo.
He insistido muchas veces en que liderar no significa ocupar una posición. Significa generar confianza. Y la confianza no se exige mediante un cargo: se construye con coherencia, escucha, humildad y resultados.
Quizá por eso Count Binface resulta mucho más interesante como fenómeno que como personaje. Su éxito nos recuerda que el ciudadano también utiliza el humor para protestar, expresar cansancio y decir: “No me siento representado”.
No deberíamos burlarnos de ese mensaje.
Una democracia saludable necesita ciudadanos que crean que su voz importa y líderes capaces de escuchar incluso aquello que les incomoda. Porque cuando la política pierde credibilidad, el vacío siempre termina siendo ocupado por algo.
Esta vez fue un hombre con un cubo de basura en la cabeza.
Podemos reírnos. Pero después de la risa, convendría escuchar.
Dios es amor, hágase el milagro.
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