Mientras la tecnología del ARNm abre nuevas esperanzas frente al cáncer, enfermedades infecciosas y genéticas, varios estados buscan restringir su uso, poniendo en riesgo el progreso médico y la salud de futuras generaciones.
Varios estados han declarado, en la práctica, una guerra contra el progreso médico.
Legisladores en Iowa, Idaho, Texas y Kentucky han propuesto leyes que prohibirían o restringirían el uso de vacunas que emplean tecnología de ARN mensajero (ARNm), a pesar de su enorme potencial para tratar e incluso prevenir algunas de las enfermedades más difíciles que existen.
Estos esfuerzos legislativos son un grave error. La ciencia detrás del ARNm es sólida. Rechazar terapias innovadoras basadas en esta tecnología sería devastador para los pacientes y perjudicaría el liderazgo de Estados Unidos como potencia mundial en biotecnología.
La forma en que funcionan estas vacunas es simple. Como su nombre lo indica, el “mensajero” ARN lleva instrucciones al sistema inmunológico, enseñándole a reconocer una proteína asociada con un virus dañino. De esta manera, el cuerpo genera defensas específicas. El ARNm desaparece rápidamente, pero las defensas que ayudó a crear permanecen.
A diferencia de otros tipos de vacunas, las de ARNm no contienen el virus contra el que protegen, por lo que no hay riesgo de contraer la enfermedad a través de la vacuna. Tampoco alteran el ADN del receptor, ya que no cuentan con la enzima clave necesaria para ello.
El rechazo a las vacunas de ARNm es, en gran parte, consecuencia de la polarización cultural derivada del COVID-19. Pero prohibir esta tecnología en respuesta a errores de comunicación durante la pandemia es un claro ejemplo de «matar al mensajero».
La ciencia más reciente indica que las vacunas de ARNm tienen propiedades únicas que podrían ayudarnos a enfrentar enfermedades extremadamente difíciles de tratar.
Tomemos el cáncer de páncreas, cuya tasa de supervivencia a cinco años es de apenas el 13 %. Debido a su agresiva propagación y alta capacidad de mutación, tratamientos como la cirugía no suelen ser efectivos para evitar recaídas.
Un grupo de científicos publicó recientemente en Nature un estudio que demuestra cómo las vacunas de ARNm pueden personalizarse para combatir mutaciones específicas en tumores pancreáticos, reduciendo significativamente el riesgo de recurrencia. La mayoría de los pacientes que respondieron bien a la vacuna permanecieron libres de cáncer incluso después de tres años.
El cáncer de páncreas no es la única enfermedad ante la que esta tecnología está mostrando resultados prometedores. Investigadores también están desarrollando vacunas de ARNm contra otros tipos de cáncer como el melanoma, enfermedades infecciosas como la malaria y trastornos genéticos como la fibrosis quística.
Además, el ARNm puede acelerar considerablemente el desarrollo de medicamentos. Diseñar el código genético de una vacuna de ARNm puede tomar días o semanas, en lugar de los años que requiere una vacuna tradicional. Basta recordar la iniciativa Operación Warp Speed durante el primer mandato del presidente Trump, que permitió lanzar las primeras vacunas contra el COVID-19 en tiempo récord.
Por último, el ARNm representa un campo en el que Estados Unidos ha logrado una ventaja científica significativa sobre el resto del mundo. Prohibir o restringir seriamente su uso podría dar margen a que otros países —incluidos adversarios como China— nos alcancen o incluso nos superen.
Las consecuencias no serían solo económicas, sino también estratégicas. En futuras pandemias o amenazas biológicas, los estadounidenses podrían quedar dependiendo de otras naciones para acceder a tratamientos que salvan vidas.
Nuestros líderes deberían estar promoviendo la medicina basada en ARNm —no bloqueando el acceso de los pacientes a ella.
Dra. Sally C. Pipes
Presidenta, Directora Ejecutiva y Catedrática Thomas W. Smith en Políticas de Salud en el Pacific Research Institute.
Editorial Note:
This article is a guest opinion contribution. The views expressed are solely those of the author and do not necessarily reflect the editorial position of Latin Opinion. We believe in the importance of open and diverse dialogue on matters of public interest, including scientific progress and health policy.


